Opinión “Inclusión a la chilena”

Por Ángela Aguilera, educadora de Párvulos.

Hay palabras que suenan bonito cuando las dices y que, además, su significado es “Bello “, por ejemplo : Amor, Empatía, Solidaridad, Dignidad, Respeto y una palabra que hace algún tiempo viene siendo parte del diario vivir “ INCLUSIÓN”.

Durante un buen tiempo, vengo analizando ciertas situaciones que de una u otra forma complican el cómo podemos lograr verdaderamente esa “ Inclusión” en las escuelas. Esto sin caer en contradicciones o en acciones que no vayan en directo beneficio de lograr ese objetivo, respetando tanto a los niños que tienen alguna condición como a los demás compañeros, a los profesores y, en general, al personal que trabaja en las escuelas.

Dentro de las muchas situaciones que he vivido, en algún momento pensé si a un ginecólogo se le pediría que viera o medicara a alguien con un trauma o infección ocular o a un oftalmólogo se le pediría que diera un tratamiento para alguien que tiene infertilidad. La verdad es que difícilmente eso pasaría. Primero ,obviamente, el profesional diría que no es su campo, ni su especialidad y que por ética profesional y por respeto al paciente no lo haría. Eso para nadie sería tremendo ,ni mal visto por la sociedad. Incluso, tal vez sería aplaudido y considerado como un buen profesional con ética y respeto, tanto por su trabajo como por el de sus colegas y por los pacientes. Mi pregunta es ¿por qué no podrían hacerlo, si estudiaron medicina? Las respuestas claramente serían: sí, pero son especialidades diferentes y, por lo tanto, deben trabajar en su área. ¿A alguien  se le ocurriría decir: les vamos a dar unos tips para que pueda el ginecólogo atender al paciente con problemas a la vista o al oftalmólogo una capacitación express , de 1 ó 2 días, para que pueda atender a los pacientes con problemas ginecológicos?

Mmm, la verdad es que no porque eso no sólo sería una falta de respeto hacia los pacientes,  también hacia los especialistas que estudiaron y se especializaron en el área que les gustaba o para la cual sentían tenían más habilidades. A nadie se le ocurriría tratarlos de flojos o de que tienen falta de vocación por no querer atender a un paciente con alguna enfermedad que no sea de su competencia ¿o me equivoco? 

 Sin embargo. eso no sucede en las escuelas donde sí se cuestiona al docente que dice no sentirse capacitado o simplemente que él estudió para trabajar con niños y niñas sin alguna condición y que reconoce de manera honesta no sentirse capaz de trabajar con esos pequeños. ¿Por qué al profesor se le pide y exige que desempeñe todas las especialidades sin haberlas estudiado? ¿Por qué a nosotros sí se nos puede capacitar de manera express, dar tips o pedir que nos autocapacitemos para atender todas las especialidades? ¿Por qué a nosotros se nos pide faltarle el respeto a los niños y niñas que tienen alguna condición y que necesitan personal capacitado? ¿Por qué a los profesores se les pide faltarle el respeto a los Educadores diferenciales que estudiaron años su carrera, pidiéndonos que con charlas o capacitaciones cortas hagamos su trabajo? ¿Por qué a nosotros se nos cataloga de flojos y faltos de vocación por pedir ayuda o decir que estamos superados frente a casos o situaciones complejas que no son de nuestra competencia? 

Es difícil trabajar sin las condiciones necesarias para dar el apoyo que los niños con alguna condición necesitan, porque ellos no son los únicos que están en la sala y debes atender al grupo también, donde debes tratar de  tener un buen clima, mantener la atención y la motivación de todos, y a TODOS atenderlos en sus necesidades y demandas.

 Molesta ver como los espacios físicos no están, en general, adaptados para ellos, pues se necesitan salas con más espacios y con pocos niños. Lo ideal es que  la cantidad de niños con algún diagnóstico no sea más de lo que se permite por ley y existan rincones de la calma para cuando se desregulen, que no se dañen o dañen a otros y que hayan sillas con elástico o con pedales para los niños que necesitan moverse. Además, contar con un educador diferencial o asistente diferencial durante la mayor parte de la jornada, ya que por decreto se consideran muy pocas horas en aula para ellos y es donde se requiere realmente su intervención, donde  los especialistas y las horas sean las suficientes para que puedan trabajar de manera adecuada y no un “ratito” una vez a la semana. 

Es necesario que tanto los niños que necesitan una ayuda constante como los que no, puedan trabajar en un ambiente que les permita aprender, donde el docente no no tenga que dejar de trabajar con la totalidad del grupo durante parte de la jornada para poder contener a un niño cuando se desregula o  recibir golpes y mordidas, terminando con un agotamiento extra por el esfuerzo y la impotencia que genera el no poder aliviar lo que en ese momento los niños deben sentir .

Recuerdo a mi última pequeña con la cual, durante los 2 años que estuvo con nosotros, logramos que fuera parte del grupo sin ninguna diferencia o rótulo. Sus compañeros aprendieron que cuando ella caminaba por la sala o corría, mientras yo les explicaba o realizábamos alguna actividad, no era de porfiada ni de desordenada, era sólo lo que ella necesitaba hacer para estar y sentirse bien. Aprendieron que si salía de la sala tenían que dejarla que corriera una o dos vueltas por el patio y, luego, ellos la iban a buscar, al comienzo todo el grupo y luego se turnaban.  Aprendieron que tenían que dejarla que colgara su bolsa,  su agenda en el canasto, que se pusiera sola el delantal, que cuando ella estaba no había que hacer ruidos  o poner música muy fuerte, que no había que quitarle las cosas que ella siempre tenía en sus manos o quitarle el asiento que ella ocupaba y que tenían que siempre invitarla a jugar. Ellos le comunicaban a los profesores que les hacían algún taller estas situaciones para que su compañera estuviera bien, o cuando ella se desregulaba se ponían para que no se golpeara la cabeza mientras nosotras la tomábamos, entre otras tantas cosas que se pudo lograr con ella y sus compañeros. Eso es parte de lo que siento tenemos que lograr con una real Inclusión  .Ver la carita de felicidad de la Isi cuando llegaba al colegio o cuando me dijo “tía” o que me haya tomado la cara cuando no la atendí enseguida, porque estaba ocupada con otra compañera, y me haya dicho “Tia Ángela, ven “ no tiene precio.

Nuestros niños y niñas deben tener los espacios, los tiempos y los especialistas  que necesitan para poder avanzar y poder ser parte de la sociedad como cualquier otro ser humano.

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