¿Avance o retroceso con el fenómeno inmobiliario? los casos de Valparaíso y San Miguel

 

Por Daisy San Martín

Cada año, son más los vecinos que se ven perjudicados por la nueva arquitectura de sus ciudades; la construcción de viviendas se ve reflejada mediante la gran cantidad de edificios en altura y la excesiva ocupación de espacios.  Valparaíso y San Miguel no estarían ajenos a ello, pues, desarrollan estas mismas planificaciones urbanas.

Y es que, hoy en día, es común ver torres de 10 a 25 pisos a nuestro alrededor, producto del boom inmobiliario que una y otra vez dispone de proyectos para próximas edificaciones. Asimismo, esto se ve acompañado por el crecimiento de la población y la alta congestión de los sectores, es decir, la presencia de constructoras sería justificada por esta realidad social.

Sin embargo, ¿qué sucede con los ciudadanos afectados por este fenómeno urbano? Las organizaciones comunitarias se pronuncian ante los diferentes problemas en cuanto los permisos de construcción, el negocio de sus terrenos, la legislación urbanística, entre otros. En esta situación, los habitantes se oponen a las obras y abren un debate público que, hasta el momento, es imposible cerrar.

Es el caso de Valparaíso y su nuevo estilo arquitectónico. Actualmente, los callejones, los cerros y el centro de la localidad, se ven caracterizados por una antigüedad y modernidad.

Ya no son las casas pintorescas y patrimoniales que sobresalen por encima de los demás, sino que ahora los edificios, de más de 12 metros,  se adueñan de la ciudad-puerto. Por ello, no es menor que existan más de 24 proyectos residenciales en Valparaíso y Placilla-Curauma, que potencien este auge inmobiliario.

No obstante, la modificación al Plan Regulador Comunal (PRC) vendría a salvaguardar estas construcciones. Esto debido a que, el Concejo Municipal dio el visto bueno a esta iniciativa; las normativas limitarían los edificios hasta cuatro pisos y, a su vez, congelarían los permisos que no cumplen con las nuevas exigencias.

Al mismo tiempo, llega a atender el descontento de los pobladores que, por años, han planteado un cambio en la planificación territorial. Para Felipe Reyes, miembro de la Fundación Buen Vivir, es difícil defender un territorio cuando hay excesivos intereses económicos. ‘‘En Valparaíso hay una lucha por el espacio y no porque haya poco, sino porque su valoración como ciudad patrimonial ha aumentado el valor de los suelos y, por ende, la estrategia de las inmobiliarias’’.

De allí que Reyes enfatizó que, los precios de los departamentos superan la realidad de Valparaíso. ‘‘Las viviendas que se están construyendo no tienen nada que ver con la gente de acá. Como promedio, los porteños tienen un ingreso per cápita de 400.000 pesos; cifra que no alcanzaría para pagar un inmueble cuyo dividendo bordea los 300.000 pesos’’.

En el último tiempo, los valores de apartamentos, lofts y casas están desde los 1.280 hasta los 5.870 UF. Y que, según los estudios de Colliers International, las ventas de departamentos seguirían creciendo a un 5% respecto el 2017, lo que se traduce a 30.000 viviendas al año.

Y, ¿en dónde más ocurre este boom inmobiliario?

Precisamente, en San Miguel, Región Metropolitana. Al igual que Valparaíso, esta comuna tiene dos esencias: una histórica y la otra, fuertemente, contemporánea. Esto a raíz de la gran inversión inmobiliaria y su progreso en cuanto el acceso a servicios y la conectividad.

Según el Índice de Calidad de Vida Urbana, San Miguel lleva un 13,7% de ofertas de departamentos en lo que es el primer semestre del año. Además, de ser una de las comunas con mayor desarrollo, pues, ya tendría 67 proyectos nuevos.

Si bien es una comuna con avances, San Miguel no podría quedar ajena a los problemas. Tras ser esta alternativa a Santiago Centro y estar invadida de edificios, el conflicto urbano se hace presente. Y es que el aumento de construcciones en alturas, genera restricciones y exige nuevas normativas en el plano regulador.

Matías Freire Vallejos, Concejal de San Miguel, se refirió a los niveles de obras urbanas y su aumento en el último tiempo. En tanto, comparó este panorama con la calidad de vida de San Miguel. ‘‘Lamentablemente, la situación ha empeorado. Los proyectos inmobiliarios sólo se han encargado de matar el tejido social, y desvincular al vecino histórico de su barrio’’.

De acuerdo a Freire, los permisos de edificación corresponden a ‘‘una responsabilidad  de la gestión anterior, ya que ellos permitieron un crecimiento urbano al arbitrio del mercado’’. Por lo mismo, explicó que la mayoría de la población y sus juntas de vecinos, están resignadas debido a que los proyectos ya están  autorizados. Por lo tanto, ‘‘algunos cometen el error de pensar que ya no se puede hacer nada’’.

En los casos particulares, ya sea porteño y/o sanmiguelino, la planificación territorial se verá trastocada. Como lo constituye Valparaíso, donde varios se han organizado para discutir sobre su sector barrial y capital inmobiliario; vecinos de los Cerros Placeres, Barón, Monjas, Florida, entre otros, que luchan y exigen un buen vivir. Por otro lado, en San Miguel las organizaciones ‘‘Defendamos San Miguel’’ o ‘‘Patrimonio Santiago Sur’’ que buscan preservar su historia y evitar la demolición de sus casonas.

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