En la Gama de los Grises, una película pensada desde los estereotipos

536493Barrio Italia nunca se había visto tan difuminado ante el pedaleo incesante de Bruno (Francisco Celhay) persiguiendo a Fer (Emilio Edwards), quien le gana en el trayecto por un par de cuadras. Al final no sabemos si sirvió de algo que Fer fuese alcanzado.

En la gama de los grises, ópera prima de Claudio Marconi, trata sobre un viaje interno, un viaje en torno al fracaso. Una meditación breve de Bruno, por los últimos diez años de su vida, por su matrimonio y por una frustrada noche en su adolescencia, cuando decidió ir a una disco gay; hecho que nunca se concretó debido a la aparición de Soledad (Daniela Ramírez) en su camino, quien se convirtió años después en su esposa.

Esta abstracción del protagonista, que es posible gracias a su trabajo como freelance y las pocas responsabilidades en su vida -algo muy descontextualizado de la realidad chilena- se ve influenciada por la aparición de Fer.

Ambos  personajes se gustan, pero no entendemos por qué. Estos espacios negativos, que se repiten a lo largo de la película, se debe al guión. Producto de esta falla técnica, diálogos efímeros, incoherentes, con tonos distintos para cada personaje, que no encajan. Así es como se evocan, en una misma conversación, a Freud, temas de política, historia y fracaso, sin coherencia y una profundidad respetuosa, lo que lleva a que la actuación salga forzada. Fer es como el aceite, espeso, culto, irónico e iracundo; en cambio Bruno es como el agua.

El viaje, que realiza Bruno nos muestra representaciones sociales contextualizadas, nuevamente, en un Santiago de “Plaza Italia para arriba”. Y el personaje, siguiendo con la lógica de revelar sus verdaderos sentimientos, intenta tener un epifanía, al más puro estilo de Paulina García, en su interpretación en “Gloria” (2013). La única diferencia es que el clímax de la película de Marconi, solo se asemeja a un plot point de esta última.

A esto se le suma un montaje difuso, que contrapone escenas extrañas y si tienen algún punto de unión, no se deja ver con claridad; como al principio de la película, que se puede apreciar a Bruno masturbarse, comer, regar el patio y cambiarse de ropa.

Sin embargo, todos estos vicios pueden perdonarse por la fotografía por la que apuesta el film. El notorio estilo Vintage, el que acentúa el verde al inicio de la película, es una obra en su particularidad, encargada de dar relevancia a la belleza masculina. Hay un claro androcentrismo a lo largo del film, pero que no es obsceno o irrespetuoso, debido a este elemento, que el cine chileno ha sabido potencias.

Si bien no es la mejor película de la breve historia del cine chileno, se agradece que el director hiciese una película de temática homosexual. De hecho nos debería avergonzar que esta sea la primera que se exhibe en grandes salas, habla de nuestro muy arraigado conservadurismo como sociedad consumidora de cultura.

En la gama de los grises no te cautiva, no enamora, pero te pone en el límite de el “si hubiera”, porque si Bruno no se hubiese topado con Soledad en esa noche de su adolescencia, esta película no tendría nada que contar.

Por Constanza R. Alvarez

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